MISIÓN ABC… O de Oración

Hablar de oración puede parecer al mismo tiempo algo obvio o algo complicado y extenso.

Sin duda la oración es algo imprescindible en la vida del cristiano, más todavía en quien es llamado a anunciar y testimoniar la presencia de Dios.

No es este el momento para profundizar mucho sobre esta realidad, pero ¿quién sabe? puede ser una oportunidad de ver algo que nos ayude en nuestro camino misionero. Antes que nada, quiero aclarar que, para sencillez y brevedad de espacio, no haré distinción entre “orar” y “rezar”.

Entre las varias definiciones posibles creo que todas nuestras experiencias sobre la oración se pueden resumir en que fundamentalmente orar significa ponerse en una actitud de diálogo con Dios. El que reza es como un enamorado: lleva siempre en el corazón a la persona amada, vaya donde vaya (Francisco, 4/11/2020). Estas palabras de Francisco non recuerdan que no hay una manera de orar preestablecida porque no hay “amor igual a otro” y “no hay amores estáticos”. Por eso la oración es la manera de alimentar la relación con Dios aquí y ahora.

De hecho, todo es asumido en este diálogo con Dios: toda alegría se convierte en motivo de alabanza, toda prueba es ocasión para una petición de ayuda. La oración está siempre viva en la vida, como una brasa de fuego”. (Francisco, 4/11/2020)

Si es así podemos decir que la oración no es cuestión de “palabras oportunas” o gestos prefabricados, también cuando la boca no habla, el corazón habla. Todo pensamiento, incluso si es aparentemente “profano”, puede estar impregnado de oración. (Francisco, 10/2/21)

Experimentamos que esta relación con Dios que se hace diálogo de Amor es la sabia de nuestra misión. Sin oración no hay misionero y “el hacer” se transforma en vacío e infructífero. Hay que reconocer que muchas veces se puede caer en el “activismo misionero”, en el hacer frenético. La experiencia de nuestra impotencia, el experimentar la gran variedad de exigencias a nuestro alrededor, también nos pueden hacer olvidar que debemos alimentar en manera oportuna esta Relación. Pero vemos que el mismo testimonio de Jesús nos recuerda claramente que también en los momentos de mayor dedicación a los pobres y a los enfermos, Jesús no descuidaba nunca su diálogo íntimo con el Padre. Cuanto más inmerso estaba en las necesidades de la gente, más sentía la necesidad de reposar en la Comunión trinitaria, de volver con el Padre y el Espíritu. (Papa Francisco, 4-1-2020)

La oración es entonces punto de partida y de llegada de nuestras vivencias misioneras. Desde el diálogo con Él nace la fuerza del donarse e involucrarse con los hermanos; a Él, al mismo tiempo, llevamos lo que hemos sembrado, lo que “eventualmente” hemos recogido; con Él compartimos los gozos, dudas y dolores de nuestro caminar misionero.

Muchas veces escuchamos a nuestro alrededor que la oración se vive como un compromiso, como una tarea que hacer “por deber”, restando así espontaneidad y libertad. Son interesantes en este sentido las palabras de Papa Francisco: “Debemos rezar siempre con libertad. Hoy tengo que rezar esto, esto, esto, esto, porque prometí esto, esto, esto. Si no, iré al infierno. No, ¡eso no es rezar! La oración es libre. Tú rezas cuando el Espíritu te ayuda a rezar. Rezas cuando sientes la necesidad de rezar en tu corazón…” (Papa Francisco, 6/11/24)

Rezar con libertad… Palabras que, ¡quién sabe! maravillan por su novedad, pero nos ayudan a recordar que cada relación de amor tiene en sí la característica de ser libre. ¿Entonces si “no se siente” no se debe rezar? “cuando no sientas nada, detente y pregúntate: “¿Por qué no tengo ganas de rezar? ¿Qué está pasando en mi vida”? (Papa Francisco, 6/11/24)

En palabras sencillas si no sientes el deseo de estar con “el Amado” pregúntate que está pasando en tu relación con Él, ten el coraje de decirte y decirle la verdad y volver a caminar juntos. “Siempre, la espontaneidad en la oración es lo que más nos ayuda. Esto significa rezar como hijos, no como esclavos”. (Papa Francisco, 6-11-2024)

Es de esta relación de Amor sencilla, libre y fecunda desde donde nace la oración íntima y profunda que nos lleva a la entrega total con confianza, que es alimento de nuestra entrega misionera. (Eduardo Meana, “Esto que soy, eso te doy” https://www.youtube.com/watch?v=xjBtQtiLoOI)