MISIÓN ABC… K de KAIROS vs. KRONOS

Kairos, una palabra griega, podría traducirse simplemente como “tiempo”… Pero los griegos usaban también la palabra Kronos para referirse al tiempo, y la diferencia entre ambas es sustancial. Kronos dio origen en nuestro vocabulario a palabras como cronómetro, crónica, sincronizar, crónico, etc., Podemos decir que Kronos describe la sucesión de momentos en el tiempo. Una sucesión inexorable que no podemos controlar y que a menudo deseamos acelerar, ralentizar o incluso detener… Es precisamente ante esta impotencia que descubrimos la importancia del Kairos. La palabra kairos se usa con frecuencia en el Nuevo Testamento (85 veces en comparación con las 54 de kronos…) y expresa no un tiempo inexorable, sino un tiempo oportuno, el tiempo de la Gracia. En nuestra sociedad frenética, intentamos no «perder tiempo», pero no nos centramos en «darle sentido al tiempo». Como ya se mencionó, hacemos todo lo posible por ralentizar el tiempo, como lo demuestran todos los trucos que usamos para intentar hacer tantas cosas a la vez y en el menor tiempo posible, solo todo eso para luego sentirnos cansados ​​y estresados ​​y tener que descansar… Así descubrimos que si no puedo ralentizar o detener el tiempo… puedo elegir cómo vivirlo y para quién vivirlo.

La música misma nos recuerda este dilema entre el tiempo y el momento oportuno. Por ejemplo “Tinta y tiempo” de Jorge Drexler o las conocidas palabras  de Arjona “Señora, no le quite años a su vida, póngale vida a los años..”.  (“Mujer de las 4 décadas”) o muchas otras. Pero vale la pena reconocer como la canción “Tiempo” de Jarabe de palo (https://youtu.be/nmQAiRyb-eY?is=yxsLUidX9QxUPCXr) parece evocar casi secularmente las palabras del libro de Qoelet (3,1-8).

No podemos detener el fluir del tiempo, pero podemos darle sentido. El mismo san Pablo, en su carta a los Corintios (2 Cor 6:2), nos invita a eso, diciendo: «Ahora es el momento oportuno, ahora es el día de la salvación», momento oportuno precisamente porque es un instante de gracia. «Este es un tiempo que no se me puede dar sin mí, sin el discernimiento atento y acogedor de la libertad, capaz de penetrar el chronos y captar el kairos. Sin esta libertad, el tiempo transcurre y de oportuno se vuelve efímero. Hoy experimentamos cada vez más eventos en tiempo real y en streaming, pero perdemos la contemporaneidad y la profundidad del tiempo». (M. Cozzoli, Avvenire, 18 de febrero de 2015)

Cuantas veces nos encontramos a luchar con el tiempo que corre… La paz siempre desaparece cuando uno está deseando que pase lo de ahora esperando lo siguiente, pero realmente sólo existe “ahora”, lo siguiente en realidad no existe ni ha existido jamás.

Como nos recuerda el fundador de la logoterapia V. Frankl “el pasado solo fue mientras fue presente, ya no es, el futuro solo será cuando sea presente, si es que lo será… Nunca ha existido otra cosa que no haya sido el presente.

 Como cristianos, estamos llamados a reconocer la presencia de Dios y su gracia en las pequeñas cosas de la vida cotidiana (Mt. 16:1-3), que no son ni pueden ser repeticiones cronológicas, sino nuevas oportunidades para dar sentido a nuestras acciones, lo que solemos llamar «la solemnidad del momento presente». En cada instante, tenemos la oportunidad de empezar de nuevo, «de vivir como si viviéramos por segunda vez» (V. Frankl).

Mimmo Di Meo