Misión ABC… C de Compartir

La palabra compartir indica hacer partícipe o entregar un bien material o espiritual a alguien. Com-partir, es decir, partir con, hacer partícipe, ofrecer o donar algo.

¡Cuántas veces, en mis años en Camerún y Senegal, pero también en Italia, he experimentado la generosidad de tanta gente! Cuando iba a los pueblos para la catequesis, la celebración de la Misa y los Sacramentos o para seguir el progreso de los proyectos de desarrollo, la gente me recibía con alegría ofreciéndome lo poco que tenían como signo de hospitalidad y fraternidad.

El Evangelio habla a menudo de compartir. Está la viuda que pone todo lo que tiene en el tesoro del templo, es decir, dos monedas, y Jesús dice que su ofrenda vale más que la de todos los demás. Encontramos a la mujer samaritana que corre del pozo al pueblo para anunciar que ha encontrado al Único que es el agua viva y que da esta agua en abundancia. Están los discípulos de Emaús que regresan a Jerusalén para anunciar que han encontrado al Señor Resucitado y lo han reconocido escuchando la Palabra y partiendo el Pan. En la mañana de Pascua, las mujeres encontraron la tumba vacía y fueron apresuradamente a decir a los Apóstoles que el Señor ya no estaba allí, sino que había resucitado. Cuando experimentamos algo importante y hermoso, sentimos la necesidad de comunicarlo a los demás para alegrarnos juntos. Compartir, precisamente.

Para nosotros, discípulos misioneros, es importante compartir la alegría del Señor que habita en nosotros. Jesús envía a los discípulos de dos en dos a las aldeas de Galilea para que proclamen que “el tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca” (Mc 1:15). Los envía para que lleven la Buena Noticia, para que la den a conocer y pueda ser compartida por hombres. El Tesoro no puede permanecer oculto: debe ser anunciado, comunicado, compartido.Ser enviados de dos en dos indica un estilo de misión que da testimonio de la presencia del Señor en nosotros y entre nosotros, porque se basa en el mandamiento del amor: “Como yo os he amado, también debéis amaros unos a otros” (Jn 13:34). Podemos decir que el estilo de la misión es compartir, con el que se propone la proclamación del Evangelio y se ofrece nuestro testimonio de vida.

Con la Eucaristía, Jesús instituyó el sacramento del compartir. En el pasaje del Evangelio sobre la multiplicación de los panes, que prefigura la Eucaristía, leemos que solo había cinco panes y dos peces para alimentar a la multitud, pero “todos comieron hasta saciarse” (Lc 9:17). El Evangelio habla de compartir y participar: lo poco, si se comparte, es suficiente para todos. La Eucaristía es un banquete, y los banquetes son momentos de convivencia con familiares y amigos. La Eucaristía nos invita a crear fraternidad y comunidad, a vivir compartiendo lo que somos y un poco de lo que tenemos, por pequeño que sea, en el signo de la comunión fraterna.

“Compartir es la verdadera forma de amar… ¿No os parece que en nuestro tiempo se necesita un suplemento de compartir fraterno y de amor? ¿No creeis que todos necesitamos caridad extra? No la caridad que se conforma con ayuda improvisada que no implica, que no nos pone en juego, sino esa que comparte, que asume el malestar y sufrimiento del hermano” (Francisco, Angelus, domingo, 12 de enero de 2014).

“Para entender el valor completo de la alegría, necesitas tener a alguien a tu lado con quien compartirla” (Mark Twain).

“El conocimiento muere si no se comparte, y también la fe” (Elie Wiesel).

“La felicidad es algo que se multiplica cuando se comparte” (Paulo Coelho).

Flavio Facchin omi