Estamos hechos de relaciones. En nuestra vida nunca estamos solos; fuimos creados de un hombre y una mujer. Por tanto, cada uno de nosotros, tiene toda una red de relaciones: padres, familia, colegio, amigos, trabajo, cultura. Estas redes de relaciones son las raíces de nuestro ser y animan nuestras vidas. ¿Quiénes y qué seríamos sin todo esto? ¿Qué seríamos sin aquellos con quienes vivimos? Existen también relaciones de naturaleza política, diplomática, económica, social, eclesial y muchas otras. Aquí lo que nos interesa son nuestras relaciones diarias, aquellas en las que debemos trabajar para fomentar y construir un mundo de fraternidad. El Papa Francisco dijo: “Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto y podrá generar un futuro solo en la medida en que dé vida a relaciones de pertenencia entre sus miembros, en la medida en que cree lazos de integración entre las generaciones y las diferentes comunidades que la componen” (Francisco, Fratelli tutti, 53).
Las relaciones auténticas se componen de la atención, la estima, la comprensión y el cuidado los unos de los otros. Necesitan palabras, escucha, conocimiento mutuo. Necesitan relaciones personales y confrontar opiniones desde el respeto mutuo. “¿Qué quieren los hombres ante todo? ¿Qué necesitan ante todo?… Necesitan ser amados, ser reconocidos; ser tratados como seres humanos; sentirse respetados por todos los valores que cada uno lleva dentro” (Jacques Maritain, La vocación de los hermanos pequeños de Jesús, La Locusta, 1982). El Papa Francisco, de nuevo, nos invita a “vivir como hermanos y hermanas que se acogen mutuamente, cuidándose unos a otros” (Francisco, Fratelli tutti, 96).
Todos nosotros estamos en camino, en un proceso formativo continuo que podemos llamar “educación para la fraternidad”. Hoy más que nunca se nos pide comprometernos con el conocimiento mutuo, dialogando sinceramente y sin miedo con quienes vienen de otros países, otras culturas, tradiciones y religiones. Si quisiéramos especificar el momento en que nace una amistad, podríamos decir que comienza cuando empezamos a escucharnos mutuamente, cuando nos relacionamos unos con otros, cuando sentimos que nos enriquecemos mutuamente con conocimiento, humanidad y fraternidad. Como Discípulos misioneros pensamos que el hacerse cercanos y tejer relaciones sinceras forma parte de los desafíos misioneros de nuestro tiempo. Sin pretender querer cambiar el mundo, basta con que logremos cambiarnos un poco a nosotros mismos y a lo que nos rodea. San Carlos de Foucauld entendió que, para convertirse en hermano de todos tenía que ser hermano de alguien, de hombres y mujeres concretos. Hombre de relaciones y amistades sinceras y fieles, las cultivó para mantener relaciones fraternales con su pueblo en el Sahara. En su testamento espiritual, hablando de la hermandad universal de sus Hermanos Pequeños de Jesús, afirma: “Que su caridad universal y fraternal brille como un faro; que nadie en un rango tan amplio, ni siquiera un pecador o un infiel, ignore que son amigos universales, hermanos universales, que pasan su vida orando por todos los hombres sin excepción, y haciéndoles bien, que su fraternidad sea un refugio, un refugio en el que todo ser humano, especialmente si es pobre e infeliz, sea en todo momento invitado, deseado y bienvenido fraternalmente, y que es, como indica su nombre, la casa del Sagrado Corazón de Jesús, del amor divino difundido en la tierra, de la Caridad ardiente, del Salvador de los hombres” (Reglamentos y Directorio para los Hermanos Pequeños).
La fraternidad viva nos lleva a vivir cada relación como un viaje de amistad, cuidando al otro, atentos al bien que el otro puede darnos y a lo que nosotros también podemos ofrecerle, con el compromiso de trabajar por nuestra humanidad y transformarla en una “lugar de fraternidad”.
“La fraternidad debe ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada” (Francisco, Mensaje para el Día Mundial de la Paz, 1 de enero de 2014).
“No debemos dar a los demás nuestro amor, sino el amor de Dios” (Madeleine Delbrêl).
“Cuida de las relaciones, prepararás la paz” (Cardenal Gualtero Bassetti, Congreso Nacional de Pax Christi, 4 de septiembre de 2021)
“Solo hay un verdadero lujo, y es el de las relaciones humanas” (Antoine de Saint-Exupéry, Terre des hommes, 1939).
Flavio Facchin omi