MISIÓN ABC… A de Anuncio

¿Por qué seguimos proclamando el Evangelio? Jesús nos invita a compartir la Buena Noticia porque “gratis lo recibísteis, dadlo gratis” (Mt 10:8) y porque, como dice San Pablo, “¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9:16). Cada persona bautizada debería hacer suya la responsabilidad de llevar la alegría de Cristo a todos y en todas partes: a quienes ya conocen el Evangelio y quizás lo viven de modo superficial, a quienes lo han oído pero permanecen indiferentes, a quienes nunca lo han oído.

¿Quién es el modelo de quien anuncia? Es el mismo Jesús, porque Él mismo es la Palabra enviada “en medio de nosotros”. ¿Cómo anunciar? Con el estilo de la alegría: «El Espíritu del Señor me ha enviado para llevar la Buena Noticia a los pobres» (Lc 4:18). Somos discípulos que compartimos una buena noticia y no podemos hablar de Jesús sin alegría, porque nuestra fe es alegría. Con el compromiso de trabajar por la libertad: “Me ha enviado a proclamar a los presos la libertad” (Lc 4:18). Jesús nos ayuda a ser libres y a hacernos libres, nos invita a trabajar por la paz porque Él mismo es “el príncipe de la paz”. Con el deseo de traer luz: “Me ha enviado para dar vista a los ciegos” (Lc 4:18). Jesús es la luz que ilumina el camino de nuestra existencia, es la luz que nos muestra “el camino, la verdad y la vida”. El anuncio de la alegría, de la liberación y de la luz está dirigida a cada hombre y a cada mujer.

En la misión de proclamar a Cristo somos siempre y únicamente instrumentos en manos de Dios. Santa Madre Teresa de Calcuta dijo: “Soy como un pequeño lápiz en Sus manos, nada más. Es Él quien piensa. Es Él quien escribe. El lápiz no tiene nada que hacer en todo esto. El lápiz solo debe dejarse usar.” El protagonista de la misión es el Espíritu de Dios; es el Espíritu quien ilumina, guía, da fuerza, es quien sugiere las palabras y caminos para anunciar y dar testimonio del Señor. Nosotros debemos hacer nuestra parte y podemos hacerlo con el estilo de “hacerse todo con todos” de San Pablo, es decir, compartiendo nuestra fe, haciéndonos cercanos unos a otros en las alegrías y preocupaciones de los demás, haciéndonos sus compañeros de viaje.

¿Qué anunciar? Las propias páginas del Evangelio nos dicen esto: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; arrepiéntete y cree en el Evangelio” (Mc 1:15). “Así como el Padre me ha amado a mí, así yo os he amado. Permaneced en mi amor… Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena. Este es mi mandamiento, que os améis como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos» (Jn 15:9, 11-14). “Dios es amor; el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él” (1 Jn 4:16). Aquí, es el propio Jesús quien nos dice qué y cómo anuncia: con la vida, con la palabra, con sencillez, para ser la levadura que fermenta la historia y la transforma para hacerla bella. 

“La misión evangelizadora de la Iglesia es, esencialmente, el anuncio del amor, la misericordia y el perdón de Dios” (San Juan Pablo II, Mensaje para el Domund 2002).

“Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirle no es solo algo correcto, sino también bello, capaz de llenar la vida de nuevo esplendor y de una profunda alegría, incluso en medio de las dificultades” (P. Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, s. Apost. Evangelii Gaudium, 167).

Una vez que hemos experimentado la palabra de Dios, no tenemos derecho a no recibirla; una vez que la hemos recibido, no tenemos derecho a que no se haga carne en nosotros, una vez encarnada en nosotros no tenemos derecho a guardárnosla: desde ese momento pertenecemos a quienes la esperan” (Madeleine Delbrêl, La Santidad del Pueblo Común, Milán 2020, p. 71).

“La fuerza del Evangelio, y del cristianismo, no reside en la organización, en los medios de comunicación, en el dinero, en los números. Incluso hoy en día pasa de corazón en corazón, para un buen contagio” (Ermes Ronchi, en Avvenire, 1 de julio de 2010).

Flavio Facchin omi